La importancia de acudir al médico y no automedicarse

La importancia de acudir al médico y no automedicarse

Existe un pasaje muy conocido de la Biblia que reza: “Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”, que se refiere a que son pocos los que pueden llamarse inocentes. En este caso, ¿quién puede decir que no ha acudido a Google para consultar algún aspecto médico?

Según un estudio de Pew Internet & American Life Project de 2010, el 83% de los usuarios de Internet ha buscado en línea información sobre salud, de tal suerte que se ha convertido en un fenómeno al que se ha denominado “Doctor Google”, en referencia a todos aquellos usuarios de internet que buscan una solución a un malestar “googleando” síntomas, leyendo sobre enfermedades que muy posiblemente no están relacionadas con dichos síntomas y ultimadamente automedicandose.

Hablamos de millones de usuarios que confían su salud a la información que puedan obtener en Internet, cierta o no, fidedigna o inventada, científica o empírica. Las personas buscan la practicidad y la inmediatez antes que la opinión de un experto.

¿Cuáles son esos riesgos de la automedicación?

Las personas que se automedican usualmente no creen que hagan mal y ven esto como una práctica inocente, pero nada tiene de inocente.

Entre los errores que pueden cometer las personas al automedicarse están:

Enmascarar la enfermedad: el dolor es la forma en que nuestro cuerpo avisa de que algo lo está dañando. Es un mecanismo de supervivencia al que hay que prestar atención, no sólo apagarlo. Un médico ha entrenado toda su vida para reconocer los diferentes tipos de dolor, así como el significado de acuerdo a su localización y otras características. Si una persona decide automedicarse con un analgésico que apacigüe el dolor, corre el riesgo de ocultar la enfermedad que se está presentando y si no se trata, ésta puede empeorar hasta el punto de poner en riesgo la vida.

La importancia de acudir al médico y no automedicarse

Sufrir efectos adversos: ésta es una de las consecuencias que pueden llegar a ser inesperadas, aún si los medicamentos fueron prescritos por un doctor, los efectos adversos podrían aparecer, por eso un especialista en medicina realiza un interrogatorio completo y dirigido para tratar de obtener datos del paciente que prevengan una situación en la que el organismo reaccione severamente ante un fármaco. Los efectos adversos pueden ser muy variados y van desde un salpullido en la piel, náusea o vómito, hasta reacciones alérgicas severas que provoquen la muerte.

Interacción medicamentosa: los medicamentos son sustancias que ejercen ciertos efectos a nivel molecular dentro del organismo. Están diseñados para realizar funciones dadas en lugares específicos.

Cuando se mezclan medicamentos, un médico debe estar seguro de que los efectos de un fármaco no van a interferir la acción de otro fármaco. Un médico también posee el conocimiento para evitar la combinación de fármacos que pueden aumentar el efecto de uno u otro y tener consecuencias graves. Por ejemplo, hay un grupo de medicamentos que se utilizan para bajar los niveles de colesterol en la sangre que se llaman estatinas y que al combinarse con un fármaco llamado gemfribrozilo (utilizado para reducir los triglicéridos en la sangre) pueden causar una reacción tan severa como la destrucción del tejido muscular de una persona.

Uso incorrecto de la dosis: otro error común de las personas que se automedican puede ser el cálculo erróneo en la dosis de un fármaco. Las cantidades de medicamento que deben administrarse se calculan con base en varios factores que el médico debe considerar respecto a su paciente, primordialmente la edad, si existe otra enfermedad que se esté tratando, etc. Por ejemplo, nunca se debe administrar las mismas dosis para adultos en niños. Las dosis para adultos también deben ser calculadas respecto a edad, o peso o una condición subyacente como diabetes o padecimientos renales.

Así, automedicarse puede ser una práctica común, pero definitivamente es una mala idea porque puede poner en riesgo nuestra vida.

Lo ideal es acudir al médico, o al menos consultarlo antes de tomar una decisión respecto a la compra y uso de un medicamento.

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